La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel SAVERIO, LUISA y PEDRO; después SUSANA.
LUISA (yendo a su encuentro). —Buenas tardes. PermÃtame, Saverio. (Le toma el sombrero y lo cuelga en la percha). Soy hermana de Susana…
SAVERIO (moviendo tÃmidamente la cabeza). —Tanto gusto. ¿La señorita Susana?
LUISA. —Pase usted. Susana no podrá atenderlo… (Señalándole a PEDRO). Le presento al doctor Pedro.
PEDRO (estrechando la mano de SAVERIO). —Encantado.
SAVERIO. —Tanto gusto. La señorita Susana… me habló de unas licitaciones de manteca…
PEDRO. —SÃ, el otro dÃa me informó… Usted deseaba colocar partidas de manteca en los sanatorios…
SAVERIO. —¿HabrÃa posibilidades?
LUISA. —Lástima grande, Saverio. Usted llega en tan mal momento…
SAVERIO (sin entender). —Señorita, nuestra manteca no admite competencia. Puedo disponer de grandes partidas y sin que estén adulteradas con margarina…
LUISA. —Es que…
SAVERIO (interrumpiendo). —Posiblemente no le dé importancia usted a la margarina, pero detenga su atención en esta particularidad: los estómagos delicados no pueden asimilar la margarina; produce acidez, fermentos gástricos…
