La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel SUSANA (meneando la cabeza con desesperación). —Pero no… no… Seguirme es tomar rumbo hacia la muerte. Soy un monstruo disfrazado de sirena. Escúchame, pastorcito, y tú, quien seas que me oyes: huye de mÃ. Aún estás a tiempo.
JUAN (golpeándose los bÃceps). —Que vengan los peligros. Les romperé las muelas y les hincharé los ojos.
SUSANA. —Dudo. Tu alma es noble. Pueril. (Se pasea irresoluta. Se detiene ante él). Evidentemente, tus ojos son francos. El rostro de lÃneas puras retrata una vida inocente. No perteneces a ese grupo de granujas a quienes agrada enredar a los ingenuos en las mallas de sus mentiras.
JUAN (tartamudeando). —Claro que no, señorita. Soy un hombre honrado.
SUSANA. —Y sin queridas. Perfectamente. ¿Sabes quién soy?
JUAN. —Aún no, señorita.
SUSANA. —Apóyate, que te caerás.
JUAN. —La impaciencia me mantiene tieso. No puedo caerme.
SUSANA. —Caerás. Soy… la reina Bragatiana.
JUAN. —¿La reina? ¿Vestida de hombre? ¿Y en el bosque?
SUSANA. —Ha caÃdo un rayo, ¿no?
JUAN. —Tal me suena la noticia.