La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel JUAN. —Su actitud es digna de un caballero.
PEDRO. —Compraremos el uniforme de coronel en una roperÃa teatral.
LUISA. —Y la espada… Ah, si me parece ver el espectáculo.
SAVERIO. —Y yo también creo verlo. (Restregándose las manos). ¿No cree usted que puedo ser un buen actor?
PEDRO. —Sin duda, tiene el fÃsico del dramático inesperado.
JUAN. —AsÃ, de perfil, me recuerda a Moisi.[5]
LUISA. —¿Quiere tomar el té con nosotros, Saverio?
SAVERIO (mirando precipitadamente el reloj). —Imposible, gracias. Tengo que entrevistarme ahora mismo con un mayorista…
JUAN. —Podré llevarle el uniforme a su casa…
SAVERIO. —Aquà tiene mi dirección. (Escribe en una tarjeta. A PEDRO). Y no olvide de hablarles a los dueños de los sanatorios.
PEDRO. —No faltaba más.
SAVERIO. —Señorita Luisa, tanto gusto.
LUISA (acompañándolo hasta la puerta). —Muchas gracias, Saverio. Iré con una amiga a verle ensayar. Se porta usted con nosotros como si fuera de nuestra familia.