La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel LUISA. —Nosotros hace ya una buena temporada que le compramos manteca. No en cantidad que nos podamos comparar a los habitantes de Nueva Zelandia, pero, en fin…
SAVERIO. —¿Y mi corretaje? Si yo me dedico a la profesión de coronel perderé los clientes, a quienes tanto trabajo me costó convencerles de que hicieran una alimentación racional a…
PEDRO. —… a base de manteca.
SAVERIO. —Lo adivinó.
JUAN. —Usted no necesita abandonar su corretaje, Saverio. Con ensayar por las noches es más que suficiente para lo que requiere nuestra farsa.
SAVERIO. —¿Y se prolongará mucho la comedia?
PEDRO. —No, yo creo que tomando a la enferma en el momento supremo del delirio, su trabajo se limitará a la escena… digamos asÃ… de la degollación…
SAVERIO. —¿Y yo no corro ningún riesgo?
LUISA. —Absolutamente ninguno, Saverio. Convénzase.
SAVERIO (semiconvencido). —Yo no sé… ustedes me ponen en…
LUISA. —Ningún aprieto, Saverio, ninguno. Usted acepta porque tiene buen corazón.
PEDRO. —Le juro que no esperábamos menos de usted.
SAVERIO. —En fin…