La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel SAVERIO y SIMONA.
SIMONA (voz externa, apagada). —¿Se puede?…
SAVERIO (gritando). —¡Adelante!
SIMONA (voz externa, apagada). —¿Se puede?…
SAVERIO (gritando). —¡Adelante!
Entra la criada, SIMONA, la bandeja con el café en la mano, se detiene, turulata, apretando el canto de la bandeja contra el pecho.
SIMONA. —¡Vean cómo ha puesto las sábanas y la colcha este mal hombre!
SAVERIO (enfático). —Simona, tengo el tratamiento de Excelencia.
SIMONA (detenida en el centro del cuarto). —Y después dicen que una tiene mal carácter. Que es cizañera, chismosa y violenta. Vean cómo ha emporcado las sábanas. ¿Si no es un asco?
SAVERIO. —Simona, no seas irrespetuosa con un hijo de Marte.
SIMONA. —¡Qué martes ni miércoles! ¡Cómo se conoce que usted no tiene que deslomarse en la pileta fregando trapos! (Espantada). ¡Y ha clavado la espada en la mesa! Si lo ve la señora, lo mata. ¿Usted está loco?
SAVERIO (encendiendo un cigarrillo). —Simona, no menoscabes la dignidad de un coronel.
