La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel SIMONA (colocando la bandeja en la mesa y echándole azúcar al café. Melancólicamente). —¡Quién iba a decir que terminarÃa mis viejos años yendo los domingos al hospicio a llevarle naranjas a un pensionista que se volvió loco!
SAVERIO. —Simona, me estás agraviando de palabra.
SIMONA (alcanzándole el café). —¡Dejar lo seguro por lo dudoso, la manteca por una carnestolenda![6]
SAVERIO (exaltándose). —Simona, no despotriques. ¿Sabes lo que dicen los norteamericanos? (Vocaliza escrupulosamente). «Give him a chance».[7] ¿Sabes tú lo que significa «Give him a chance»? (SIMONA guarda silencio). Lo ignoras, ¿no? Pues escucha, mujer iletrada: «Give him a chance» significa «dadme una oportunidad». Un compositor ha escrito este patético foxtrot: «A mà nunca; me dieron una oportunidad». (Expresivo y melifluo). ¿Y sabes tú quién es el quejoso de que nunca le dieron una oportunidad? Un jovencito, hijo de una honorable norteamericana. (Grave, rotundo). Pues esa oportunidad me ha sido concedida, Simona.
SIMONA. —Usted sabrá mucho de extranjerÃas, pero ese cargo de coronel de payaserÃa, en vez de darle beneficio le producirá deudas y pesadumbre.
SAVERIO. —No entiendo tu dialéctica pueril, Simona.