La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel SIMONA. —Ya me entenderá cuando se quede en la calle sin el pan y la manteca.
SAVERIO (impaciente). —¿Pero no te das cuenta, mujer, que en las palabras que pronuncias radica tu absoluta falta de sentido polÃtico? ¡Ingenua! Se toma el poder por quince dÃas y se queda uno veinte años.
SIMONA (llevándose las puntas del delantal a los ojos). —¡Cómo desvarÃa! Está completamente fuera de sus cabales.
SAVERIO (autoritario). —Simona…
SIMONA (enjugándose los ojos). —¿Qué, señor?
SAVERIO (bajando el tono). —Simona, ¿te he negado inteligencia alguna vez?
SIMONA (enternecida). —No, señor.
SAVERIO. —Eres una fámula capacitada.
SIMONA. —Gracias señor.
SAVERIO —Pero… y aquà aparece un pero… (Declamatorio). Te faltan esas condiciones básicas que convierten a una criada en un accidente histórico de significación universal.
SIMONA (para sÃ). —¿Qué dice este hombre?
SAVERIO. —Convéncete, Simona, tu fuerte no es la sensibilidad polÃtica (grave), ese siniestro sentido de la oportunidad, que convierte a un desconocido, de la mañana a la noche, en el hombre de Estado indispensable.