La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel SIMONA. —Señor Saverio, usted habla como esos hombres que en las esquinas del mercado venden grasa de serpiente, pero…
SAVERIO. —Hablo como un director de pueblos, Simona.
SIMONA. —Baje la cresta, señor Saverio. Acuérdese de sus primeros tiempos. (Para sÃ). ¡Si me acuerdo! VolvÃa tan cansado, que cuando se quitaba los zapatos habÃa que taparse las narices. ParecÃa que en su cuarto habÃa un gato muerto.
SAVERIO (irritado). —¡Oh, menestrala timorata![8]De escuchar tus consejos, Mussolini estarÃa todavÃa pavimentando las carreteras de Suiza, Hitler borroneando pastorelas en las cervecerÃas de Munich.
SIMONA. —La mesa servida no es para todos, señor.
Se escucha una voz que llama «SIMONA». Mutis rápido de SIMONA. SAVERIO baja del trono y se sienta a la orilla de la cama.
SAVERIO. —¡Al diablo con estas mujeres! (Luz baja).