La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel SAVERIO (a ERNESTINA). —Es cuestión de posesionarse, señorita. Nuestra época abunda de tantos ejemplos de hombres que no eran nada y terminaron siéndolo todo, que no me llama la atención vivir hoy dentro de la piel de un coronel.
PEDRO. —¿Ha visto cómo tenía razón yo, Saverio, al solicitar su ayuda?
LUISA. —Y usted decía que era antimilitarista…
PEDRO. —Como en todo…, es cuestión de empezar… y probar…
LUISA. —¿Y qué estaba haciendo cuando nosotros llegamos?…
SAVERIO. —Ensayaba…
LUISA (batiendo las manos como una niña caprichosa). —¿Por qué no ensaya ahora, Saverio?
ERNESTINA. —Oh, sí, señor Saverio, ensaye…
SAVERIO. —Es que…
PEDRO. —Conviene, Saverio. Seis ojos ven más que dos. Le hablo como facultativo.
LUISA. —Naturalmente. Sea buenito, Saverio…
ERNESTINA. —¿Ensayará, no, Saverio?
PEDRO. —De paso le corregimos los defectos…
LUISA. —Nunca las escenas improvisadas quedan bien.
SAVERIO (a PEDRO). —¿Le parece a usted?
PEDRO. —Sí…