La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel SAVERIO (encaramándose al trono). —¿Cómo sigue la señorita Susana?
LUISA. —Los ataques, menos intensos, pero muy frecuentes…
PEDRO. —Es al revés, Saverio… Los ataques, menos frecuentes, pero igualmente intensos…
SAVERIO. —¿Y usted cree que se curará?
PEDRO. —Yo pongo enormes esperanzas en la reacción que puede provocar esta farsa.
SAVERIO. —Y si no se cura, no se aflijan ustedes. Puede ser que se avenga a partir el trono con el Coronel usurpador.
PEDRO. —No diga eso, Saverio…
SAVERIO. —¿Por qué no? Usted sabe que las necesidades polÃticas determinan casamientos considerados a prima facie irrealizables.
LUISA. —Saverio… calle usted… piense que es mi hermana…
ERNESTINA. —SÃrvase la espada, Saverio.
SAVERIO. —¿Hace falta?
PEDRO. —Claro, estará en carácter. (SAVERIO apoya la espada en la mesa y se queda de pie con aspecto de fantoche serio).
SAVERIO. —¿Estoy bien as�
LUISA (mordiendo su pañuelo). —Muy bien, a lo prócer.