La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel Bruscamente se abre la puerta y con talante de gendarme, queda detenida en su centro la DUEÑA de la pensión.
DUEÑA. —¿Qué escándalo es éste en mi casa? Vea demonio de hombre cómo ha puesto las sábanas y la colcha.
SAVERIO. —No moleste, señora, estoy ensayando.
PEDRO. —Si se produce algún desperfecto, pagaré yo.
DUEÑA (sin mirar a PEDRO). —¿Quién lo conoce a usted? (A SAVERIO). Busque pieza en otra parte, porque esto no es un loquero, ¿sabe? (Se marcha cerrando violentamente la puerta).
LUISA. —Qué grosera esa mujer.
ERNESTINA. —Vaya con el geniecito.
SAVERIO. —Tiene el carácter un poco arrebatado. (Despectivo). Gentuza que se ha criado chapaleando barro.
PEDRO. —Continuemos con el ensayo.
SAVERIO (a PEDRO). —¿Quiere hacer el favor, doctor?, cierre la puerta con llave. (PEDRO obedece y se queda de pie para seguir la farra).
ERNESTINA. —¿HabÃamos quedado?…
SAVERIO. —Ahora es una conversación que yo mantengo durante el baile, en el palacio imperial, con una dama esquiva. Le digo: «Marquesa, el gobernante es coronel, el coronel es hombre y el hombre la ama a usted».
