La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel SAVERIO (riéndose). —No sea ingenua. Mi drama es haber comprendido, haber comprendido… que no sirvo ni para coronel de una farsa… ¿No es horrible esto? El decorado ya no me puede engañar. Yo que soñé ser semejante a un Hitler, a un Mussolini, comprendo que todas estas escenas sólo pueden engañar a un imbécil…
SUSANA. —Su drama consiste en no poder continuar siendo un imbécil.
SAVERIO (sarcástico). —Exacto, exacto. Cuánta razón tenÃa Simona.
SUSANA. —¿Quién es Simona?
SAVERIO. —La criada de la pensión. Cuánta razón tenÃa Simona al decirme: «Señor Saverio, no abandone el corretaje de manteca. Señor Saverio, mire que la gente de este paÃs come cada dÃa más manteca». Usted sonrÃe. Resulta un poco ridÃculo parangonar la venta de la manteca con el ejercicio de una dictadura. En fin… ya está hecho. No he valorado mi capacidad real para vivir lo irreal…
SUSANA. —¿Y yo, Saverio? ¿Yo… no puedo significar nada en su vida?…
SAVERIO. —¿Usted? Usted es un monstruo…
SUSANA (retrocediendo). —No diga eso.
SAVERIO. —Naturalmente. La mujer que es capaz de compaginar frÃamente la farsa que usted ha montado, es una fiera. No se lastima de nada ni de nadie.