La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel SAVERIO (sin levantar la cabeza). —¡Valiente paloma está hecha usted!
SUSANA (acariciándole la cabeza). —¿Estás ofendido? ¿No es eso, querido? Oh, no, es que acabas de nacer, y cuando se acaba de nacer se está completamente adolorido. La soledad te ha convertido en un hombre agreste. Ninguna mujer antes que yo te habló en este idioma. Necesitabas un golpe, para que del vendedor de manteca naciera el hombre. Ahora no te equivocarás nunca, querido. Caminarás por la vida serio, seguro. Eres un poco criatura. Tu dolor es el de la mariposa que abandona la crisálida.
SAVERIO (restregándose el rostro). —¡Cómo pesa el aire aquÃ!
SUSANA (poniéndose de pie a su lado). —Soy la novia espléndida que tu corazón esperaba. MÃrame, amado. Me gustarÃa envolverte entre mis anillos, como si fuera una serpiente de los trópicos.
SAVERIO (retrocediendo instintivo en el sillón). —¿Qué dice de la serpiente? (Con extrañeza). ¡Cómo se han agrandado sus ojos!
SUSANA. —Mis ojos son hermosos como dos soles, porque yo te amo, mi Coronel. Desde pequeña te busco y no te encuentro. (Se deja caer al lado de SAVERIO. Le pasa la mano por el cuello).
SAVERIO. —Mire que puede entrar gente.