Los Lanzallamas
Los Lanzallamas El Astrólogo guiña los ojos. Ha sentido temblar la voz de Barsut en la pregunta. Recoge una vÃrgula de madera y la desmenuza entre la yema de sus dedos; luego, estirando una pierna para descalambrarla, y meneando la cabeza, dice:
—Hay muchas felicidades terribles de las que no conviene hablar. Si usted busca sinceramente la verdad, las conocerá.
—¿Y por qué no se comunican esas verdades a los hombres?
—Porque no están preparados para recibirlas, y por lo consiguiente no las entenderÃan. CreerÃan que son frases puestas en lÃnea para entretenerlos; las leerÃan, y esas verdades tocarÃan con menos fuerzas sus entendimientos que burdas mentiras. PodrÃa ocurrir, además, algo más grave: convertirÃan esas verdades en monstruosidades.
—¿De modo que hay secretos aun sobre la tierra?
—No. Atiéndame bien. Lo que hay son avances interiores de la voluntad de vivir. Cuanto más intensa y pura sea la voluntad de vivir, más extraordinaria será la sensibilidad que capta conocimiento, de manera que en un momento dado el cuerpo humano llega al estado del hermafrodita…
—¿Cómo?…