Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Llegará “eso”, amigo mío: sí que llegará. Estamos distribuidos en todas las tierras, bajo todos los climas. Somos hombres subterráneos, algo así como polillas de acero. Roemos el cemento de la actual sociedad. Lo roemos despacio, pacientemente. Por cada encarcelado, por cada hombre martirizado en las soledades de las celdas policiales, brotan diez oscuros hombres subterráneos. En todas las clases, querido amigo. Sí, en todas las clases. Hay ya sacerdotes comunistas, militares comunistas, ingenieros comunistas, químicos comunistas, literatos comunistas. Nos hemos infiltrado como la lepra, en todas las napas de la humanidad. Somos indestructibles. Crecemos día por día, insensiblemente. Nuestra odisea roja atrae hasta a los hijos de los capitalistas. Cuando los padres los oyen hablar, sonríen con una cobarde sonrisita de suficiencia; pero los hijos palidecen de entusiasmo en la posibilidad de la epopeya definitiva. ¿Y sabe lo que quiere decir esa sonrisa de suficiencia? Miedo a la carnicería. En el más sórdido pueblo de nuestra más ínfima provincia encontrará un hombre que secretamente desparrama la promesa de la destrucción. Revestimos mil aspectos. Somos los omnipotentes. La juventud se siente atraída por nuestra amenaza. Ahora también nos dirigiremos a las mujeres… Lentamente, querido amigo, lentamente…