Los Lanzallamas
Los Lanzallamas »Y un dÃa, acuérdese, no habrán pasado diez años… el edificio social oscilará bruscamente, y los que sonreÃan con tÃmidas sonrisas cobardes mirarán en redor espantados. Entonces, querido amigo, se lo juro seriamente, cortaremos más cabezas que racimos en tiempos de vendimia. Cortaremos cabezas, y sin odio. Con serenidad. ¡Guay de los que estuvieran en contra nuestra! ¡Guay de los que nos persiguieron! Maldecirán el dÃa en que nacieron y el dÃa que engendraron hijos.
A medida que el Astrólogo hablaba, el semblante del Abogado enrojecÃa. Éste, sin mirarlo, continuó:
—Se lo juro. Cortaremos cabezas en cada esquina. Cabezas de hombres y de mujeres.
Hablando asÃ, el Astrólogo habÃa vuelto las espaldas al Abogado, se puso de pie. Cuando giró sobre sus talones el Astrólogo encontró a su visitante de pie, observándolo sombrÃamente.
—¿Qué le pasa?
Por toda contestación, el Abogado descargó en su cara una tremenda bofetada. La boca del castrado se abrió en absorción de aire. Tras este golpe, el visitante descargó un cross de izquierda a la mandÃbula del endemoniado, mas éste rápidamente se cubrió el rostro con el brazo, en un ángulo tan violento, que cuando el golpe llegó el Abogado retrocedió con un terrible gesto de dolor: se habÃa roto la mano.