Los Lanzallamas

Los Lanzallamas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El Astrólogo lo miró fríamente, ligeramente empalidecido. Sonrió despacio, descubriendo los dientes, y al cruzarse de brazos la piel de su frente se cubrió de estrías.

Durante una instante los dos hombres se midieron silenciosamente. Una increíble sensación de asco descomponía lentamente el semblante del Abogado.

Los ojos del Astrólogo se dilataban progresivamente. Sus hombros estaban encogidos como los de una fiera dispuesta a dar el salto mortal. Luego su cuerpo potente se enderezó, y tomando el sombrero del Abogado, le dijo:

—Váyase.

Este no parecía dispuesto a retirarse. Su rostro continuaba crispándose en la sensación de repugnancia. Buscaba un insulto más efectivo; sus labios se encogieron, chasqueó la lengua y antes de que el Astrólogo pudiera evitarlo recibió un salivazo en la mejilla.

—Nunca vi palidecer a un hombre de esa manera —diría más tarde el Abogado—. Creí que el Astrólogo iba a matarme, pero levantó el brazo, se enjugó la saliva del rostro, echó la mano al bolsillo, sacó un reloj, y consultándolo, con voz calmosísima me dijo: “Es muy tarde. Hoy he hablado mucho. Es mejor que se vaya”. Y entonces yo me fui.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker