Los Lanzallamas
Los Lanzallamas Calla el Astrólogo, investigando en la oscuridad: una franja de pampa casi virgen, colindante con poblados siniestros formados por cubos de conventillos más vastos que cuarteles. Es aquélla una sucesión de cuartujos forrados de chapas de cinc, donde duermen con modorra de cadáveres cientos de desdichados; calles con baches espantosos, donde se descuadrilarÃa55 una carreta para montaña. El Astrólogo marcha silencioso con las manos sumergidas en los bolsillos de su gabán. De pronto, exclama:
—¿A que no se imagina lo que me pasó anoche?
—No sé…
—Pues después de abofetearme, me han escupido a la cara.
—¿Qué dice?
—SÃ, asà como usted lo oye… —e inmediatamente, el Astrólogo le narró a Erdosain la escena ocurrida entre él y su visitante, el Abogado.
—¿Y usted…? No termino de comprender su actitud.
El Astrólogo chasquea una risita desagradable: