Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —¿El Rufián no dijo lo que hubiera hecho si el otro se hubiera negado?
—Lo mataba… Tal es asà que en previsión de ello tenÃa, desde hacÃa diez dÃas, preparado un pasaporte con nombre falso.
—¿Sabe que es extraordinario?
—Era un verdadero discÃpulo de Maquiavelo. Hablando con él me decÃa que lo que hacÃa temible a un hombre era la memoria de las ofensas y la paciencia en aguardar la revancha. VivÃa sobre aviso, como en un campo de batalla. En el tranvÃa, en el café, en la calle, podÃa usted asegurar que ese hombre estaba siempre colocado en el punto o ángulo donde menos blanco podÃa ofrecer al revólver de un enemigo. Catalogaba de una mirada a las personas. Instintivamente establecÃa el grado de peligrosidad de cada individuo que se le acercaba. Era curioso. Desde las periferias de los parajes donde se encontraba, tiraba hacia él radios de ataque y defensa. Semejante composición de lugar, instantánea casi en él, le aseguraba un dominio perfecto sobre los demás.