Los Lanzallamas
Los Lanzallamas »¿Te das cuenta, Dios canalla? No hay boca torcida que no revuelva un ácido de maldición. ¡Uh… uh… uh…! ¿Qué grito no combinará la boca sucia del hombre? Decí. Y el otro grito más agudo, como de gato recién nacido ¡ih… ih… ih!… Y el otro que se lanza con el estómago. Y el otro que se asorda en el tímpano, dejando la cara torcida de miedo durante un minuto. ¡Eh! ¿qué decís de esto? Y el otro grito de todo el cuerpo, del gran dolor de toda la superficie, que es como una chapa arqueada sobre la médula espinal engrampada por los dos extremos humanos, un borde en las vértebras de la nuca y el otro en los talones.