Los Lanzallamas
Los Lanzallamas »El remedio que ofrecen los intelectuales, el Conocimiento, es estúpido. Si usted conociera ahora todos los secretos de la mecánica o de la ingenierÃa y de la quÃmica, no serÃa un adarme más feliz de lo que es ahora. Porque esas ciencias no son las verdades de nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo tiene otras verdades. Es en sà una verdad. Y la verdad, la verdad es el rÃo que corre, la piedra que cae. El postulado de Newton… es la mentira. Aunque fuera verdad; ponga que el postulado de Newton es verdad. El postulado no es la piedra. Esa diferencia entre el objeto y la definición es la que hace inútil para nuestra vida las verdades o las mentiras de la ciencia. ¿Me comprende usted?
—SÃ… lo comprendo perfectamente. Usted lo que quiere es ir hacia la revolución. Usted indirectamente me está diciendo: ¿quiere ayudarme a hacer la revolución? Y para evitar de entrar de lleno en materia, subdivide su tema…
El Astrólogo se echó a reÃr.
—Tiene usted razón. Es una gran mujer.
Hipólita levantó la mano hasta la mejilla del hombre y dijo:
—Quisiera ser suya. Súbitamente lo deseo mucho. ―El Astrólogo retrocedió―. SerÃa muy feliz de serle infiel a mi esposo.
Él la midió de una mirada y sonriendo frÃamente le contestó: