Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —El alma de nuestros semejantes es más dura que una plancha de acero endurecido. Cuando alguien te diga: “He entendido lo que usted me diceâ€, no te ha entendido. Esa persona confunde lo que en la superficie de su alma se refleja con la penetración de la imagen en el alma. Es lo mismo que una plancha de acero endurecida: espeja en su superficie pulimentada las cosas que la rodean, pero la substancia de las cosas no penetra en ella… Y nosotros, que estamos afuera, lo vemos. Pero, ¿por qué me mirás asÃ?
La doncella ha enrojecido hasta la raÃz de los cabellos. Se levanta lentamente, camina hasta la puerta, cierra la hoja y gira la llave. El vacÃo del cuarto se agrisa. Erdosain se apoya en el canto de la mesa. Luciana levanta los brazos, recogiendo los dedos sobre su nuca. Su mirada se queda perdida en el vacÃo; luego la vuelve a Erdosain y le dice:
—Quiero que me veas… Mira.