Los Lanzallamas

Los Lanzallamas

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“CH3. CO. CH2. Derivados de la cloroacetona. Derivados de la serie aromática. Hijos de… La serie aromática. Cloruro de Benzilo, Bromuro de Benzilo, Bromocianuro de Benzilo, Arsinas aromáticas…”

Doña Ignacia, que lo observa preocupado, le pregunta:

—¿Qué le pasa, Erdosain? Hoy habla solo. 

—¿Eh? Ah… sí; tiene razón, estoy preocupado.

—¿Qué tenés, querido?

—Estoy estudiando los gases de guerra, ¿sabés? Gases de guerra. No hay nada más terrible que los gases de guerra, ¿sabe, señora?, que los gases de guerra. Permiso, querida.

Erdosain camina de un punto a otro de la cocina hedionda. En el muro se refleja su perfil cabelludo. Doña Ignacia y la Bizca lo escuchan asombradas.

―Son terribles. Parece que los hubiera inventado el diablo. Sí, señora, el diablo; pero un diablo que se hubiera especializado en odiarla a esta pobre humanidad. Fíjense: hay gases lacrimógenos que corroen la conjuntiva, queman la pupila, horadan la córnea, provocando úlceras incurables. Y sin embargo, tienen la preciosa fragancia del geranio. Otros, en cambio, esparcen el perfume del clavel, de la madera o del pasto.

—¡Qué horror!


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