Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —He descubierto un secreto. Erdosain también, sin saber que lo ha descubierto, lo ha encontrado instintivamente ―mirándola a Hipólita―. ¿Se acuerda que le dije que Erdosain era un gran instintivo? El secreto consiste en humillarse fervorosamente. Incluso lo sospecharon los antiguos. No hay santo casi que no haya besado las llagas de un leproso. Claro está que la finalidad hoy es otra. Pero para ellos también era otra. No se han investigado aún los interiores de muchas almas interesantes. A veces se me ocurre que algunos santos eran tremendamente ateos. Tanto no creÃan en Dios, que cuanto más furioso era su descreimiento, más furiosamente se flagelaban. Después decÃan que habÃan sido tentados por el demonio… ¡Je!… ¡je!…
El Astrólogo se rÃe por pedacitos, restregándose las manos como si se prometiera un espectáculo divertidÃsimo, y prosigue: