Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —¿Cuál es la finalidad de lo que les decía? ¡Ah!, yo quería llegar a esto. Primero, que ustedes eran unos cobardes; segundo, que para ser felices es necesario humillarse… Y claro… después… Yo me pregunto quién en este siglo tendrá el coraje de convertirse en un santo ostensible, de salir a la calle vestido conscientemente con harapos. Ponga, por ejemplo, a Barsut. Usted es de Flores. Allí lo conoce todo el mundo. Bueno, pongamos por caso que usted en Flores, donde lo conoce todo el mundo, sale a la calle vestido de harapos, descalzo, con una latita en la mano. ¿Usted tiene novia? Pongamos que la tuviera. Bueno, que pasara por delante de la casa de su novia, descalzo, pidiendo limosna. Y que fuera al café… ¿En qué café de Flores se reúnen sus amigos?
—A veces, en el Paulista; a veces, en La Brasileña.
—Y que usted, descalzo y con su latita en la mano entrara al Paulista y a La Brasileña y le dijera a sus amigos: “Yo no vengo a discutir con ustedes, pero sí a decirles que el que quiera ser humillado y encontrar la paz que los santos encontraron, debe imitarme y vestir esta arpillera y comer esta bazofia que yo he sacado de los cajones de la basura”.
Barsut se ríe alegremente:
—No me he vuelto loco todavía…
Sobrador, lo relojea76 el Astrólogo: