Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —¿Qué está usted pensando en silencio? Sabe que no me gustan nada las personas silenciosas.
HipĂłlita sonrĂe amabilĂsimamente:
—¿Por qué no le gustan las personas silenciosas?
—Usted, que es inteligente, sabe muy bien por qué no me gustan.
Hipólita ahora se aferra a su idea primaria: “Trata de ganar tiempo. Pero ¿para qué? ¡Qué tipo éste!”
El AstrĂłlogo continĂşa:
—Es necesario que venga el santo maravilloso. Será tan grande, que tendrá siempre los ojos para llorar. Mas… ¿para qué decirles estas cosas a ustedes?
Hipólita golpea nerviosamente con los dedos el pasamano de la hamaca. “Este hombre no hace nada más que charlar y charlar. Parece un moscardón bajo una campana de vidrio”. Levanta seria la cabeza, y mirándolo aviesamente al Astrólogo le dice:
—Usted se está burlando de todos nosotros. ¿Por qué no se pone usted el traje de arpillera y sale a la calle a pedir limosna con la latita?
El Astrólogo no pudo evitar unas carcajadas alegres. Ya más sereno, objetó: