Los Lanzallamas
Los Lanzallamas »Una noche la pandilla asaltó la casa de una familia que estaba veraneando. La propiedad estaba al cuidado de un matrimonio español que solía ir al cine. Bromberg, en compañía de sus amigos, estudia las costumbres del matrimonio, y una noche saltan la tapia de la casa por un terreno baldío. Ya en el interior comenzaron a violentar los muebles, pero sin precauciones, a puntapiés y martillazos. Lo único que faltaba era que llevaran banda de música para festejar el escalo y la fractura. En el vaivén del robo, Bromberg no se fijó que uno de sus compañeros, posiblemente por hacer un chiste, se había recostado en una cama de la casa donde habían ido a robar. De más está decir que estos actos insólitos son frecuentes en los delincuentes principiantes: acostarse en la cama del dueño de casa, hacer ruidos, comerse los restos de comida que han quedado en una fuente… Todas ellas constituyen actitudes nerviosas, que los novicios asumen instintivamente. Hay un afán de demostrar sangre fría, desprecio al peligro y necesidad de satisfacer un misterioso anhelo mórbido.