Los Lanzallamas
Los Lanzallamas »La mala suerte que persiguió a este hombre desde pequeño hizo que su familia se mudara al lado de la casa donde vivÃa una partera; allà ocurrió lo grave. Una noche el chico estaba sentado en el umbral de la puerta de su casa. De pronto, un fantasma blanco se desprende de la puerta de la casa de la partera y corre a su encuentro abriendo los brazos. El niño arrojó un grito tremendo. Era la sirvienta de la partera, una mulatita que quiso divertirse con su espanto. Bromberg se desmayó: durante mucho tiempo estuvo enfermo. Aún ahora, si usted lo observa, duerme con la lámpara encendida, y eso que han pasado veinte años casi de haber ocurrido el suceso.
»Al llegar a los dieciséis años, en compañÃa de otros muchachos de su edad, más románticos que malvados, y más estúpidos que inteligentes, influenciados por el espectáculo de cintas policiales se dedicaron a robar, organizando una pequeña banda de malhechores de barrio. Bromberg era el organizador de la pandilla. No trabajaba, ni querÃa trabajar. Era un perezoso agotado por la masturbación, mentalmente incapaz del más pequeño esfuerzo. Más tarde me confesó que se masturbaba hasta siete veces por dÃa. En esto estamos cuando es detenido en la ejecución de un robo… y si se quiere, por culpa de la partera. Es notable. Va a ver.