Los Lanzallamas
Los Lanzallamas »Ustedes se darán cuenta del toletole77 que se armó adentro. Los rateritos no se atrevían a abandonar a Bromberg. Sabían perfectamente que éste se vería obligado a denunciarlos. Por fin, el vigilante, acompañado de varios transeúntes heroicos, entró en la casa saltando también la tapia, pues no se atrevían a forzar la puerta de entrada. ¡Imagínense qué pesca! Cinco muchachos desesperados, tratando de volver en sí a un energúmeno que se revuelve como una fiera encima de grandes bultos de ropa: la mercadería que ellos habían preparado para llevarse. De más está decirle: muchachos, objetos empaquetados y herramientas empleadas en la fractura, todo fue a parar a la comisaría.
»Como se trataba de hijos de familias modestísimas, el comisario procedió sin contemplaciones, y de la comisaría seccional pasaron al Departamento de Policía. Asustados, declararon los robos que anteriormente habían cometido, e incluso fue detenido un honrado señor que tenía casa de compra y venta. Allí vendían los muchachos los artículos robados, y por disposición del Juez de Menores pasaron al Reformatorio de Menores Delincuentes.