Los Lanzallamas
Los Lanzallamas »Al año de estar en el reformatorio, Bromberg, que había terminado de depravarse, huyó en compañía de dos ladrones más avezados. En el camino de Mercedes, intentaron asaltar a un vendedor ambulante. Aquí, como de costumbre, se pone en evidencia la desdichada suerte de Bromberg. El desconocido repelió a tiros la agresión, y el único que resultó herido fue “el hombre que vio a la partera”. Una bala le atravesó el muslo y cayó, siendo, como es natural, abandonado por sus camaradas. Decididamente, no tenía suerte. Nuevamente da Bromberg con sus huesos en el Departamento. Cuando sale de la enfermería del Reformatorio tiene una riña con un delincuente que lo hiere en un flanco de un puntazo, y helo aquí otra vez hospitalizado. La herida no era grave; pero Bromberg, dispuesto a vengarse, esperó algunos meses. Por fin sorprendió a su enemigo en un water-closet y lo estranguló sobre sus propios excrementos. Nuevo proceso: Bromberg pasa del Reformatorio a la cárcel; el juez en primera instancia lo condena a reclusión perpetua.