De sangre y cenizas
De sangre y cenizas En un mundo donde los dioses otorgan dones que no se pueden revelar y secretos que no se pueden compartir, Poppy vive atrapada como la Doncella, destinada a una Ascensión que no comprende ni desea. Su vida es una prisión de soledad, hasta que el misterioso y desafiante guardia Hawke entra en escena, sacudiendo su fe y despertando deseos prohibidos. En un reino acechado por sombras malditas y un enemigo resurgente, Poppy deberá decidir entre obedecer un destino escrito o desafiarlo, arriesgando todo, incluso su vida.
Poppy no eligió ser la Doncella. No eligió vivir tras un velo que oculta su rostro ni ser una figura sagrada que inspira tanto miedo como reverencia. Su mundo está hecho de reglas rígidas: no puede hablar con nadie más que sus guardianes, no puede ser tocada, no puede experimentar las emociones que hierven bajo su fachada tranquila. Pero debajo del velo, detrás de las paredes del castillo de Teerman, es una joven atrapada, deseando una libertad que parece tan lejana como los dioses que la eligieron.
—No sientas nada —se susurra a sí misma cuando un sirviente se cruza en su camino, los ojos clavados en el suelo. No es por deferencia, sino por miedo. La Doncella no es una persona; es un símbolo.
