La venganza de la Petra
La venganza de la Petra NIC: (Da luz. Se incorpora rápido y furioso y trata de detenerle.) ¡Para, hombre, para!... ¡Soo, hombre, soo!... (Le ha parado) ¡Maldita sea, qué despertadorcito!... ¡Rediez, miá que ha salido malo!... No hay mañana que no me corte el sueño el ladrón éste... La sangre perra de mi mujer, que si pudiera me ponÃa la Banda Municipal en la mesilla de noche pa no dejarme dormir por las mañanas, (iracundo, dirigiéndose al despertador.) ¡Pero ni ella se sale con la suya ni tú tampoco! Y ahora te pongo una hora más tarde, ¡hale! (Le da cuerda con rabia y deprisa.) A mÃ, por buenas, lo que se quiera, pero con escándalos, nada. (Deja el despertador en la mesa de noche y se vuelve a tumbar.) Hay que tener energÃa. (Apaga de nuevo y se arropa. A poco suenan dos aldabonazos en la puerta del piso. Nicomedes saca la cabeza del embozo, atiende y la vuelve a meter; suenan otros dos aldabonazos.) ¡Y ahora llaman!.. ¡Maldita sea!... (Llamando a su mujer.) ¡Nicanoraaa! Pero, ¿no oyes que llaman? (silencio.) Se conoce que ha bajao por los muñuelos pal desayuno, (otros dos aldabonazos.) ¡No hay nadie!
VOZ: (Dentro.) Señor Nicomedee, ¿pero no me oye usted?
NIC: Estoy durmiendo.
VOZ: Abra usté, hombre...