La isla de la Mujer Dormida
La isla de la Mujer Dormida Mientras el mar abierto se desplegaba ante ellos, Miguel se dio cuenta de algo. La isla, con todas sus sombras y horrores, no era el único lugar del que había escapado. También se alejaba de la persona que había sido antes de pisarla. Ya no era el marinero que simplemente seguía órdenes. Era alguien que había enfrentado lo peor de los hombres y, de alguna manera, había sobrevivido.
Y aunque el futuro seguía siendo incierto, Miguel sintió algo nuevo en su interior: un latido tenue, como un faro que guiaba su camino entre las tinieblas. Un recordatorio de que, a veces, sobrevivir era la mayor victoria de todas.