De sobremesa
De sobremesa Una expresión no ya de piedad misericordiosa sino de inefable ternura iluminó su semblante pálido, leve sonrisa que se dirigió hacia mí como un rayo de luz, arqueó la ingenua curva de sus labios y la fisonomía se humanizó sin perder su nobleza majestuosa y un ensueño de ternura divina se dilató dentro de mí, como la luz de la aurora entre la oscuridad de una madrugada tétrica disipando las sombras, llenándome el alma de claridades tibias, de temblores de savia, de frescuras de agua cristalina y de cantos de pájaros, que suben hacia el Sol, vencedor de la noche.