De sobremesa
De sobremesa —¡Ah!, ¿conque insiste usted en su régimen? —preguntó con expresión de marcada curiosidad—. Es admirable… Vamos, pues gaste usted fuerza en todo sentido como lo ha hecho usted en estos días y complete la obra del ejercicio violento con largos baños calientes y altas dosis de bromuro. Bromuro por agua ordinaria —agregó entregándome la fórmula— y… cuidado con que se despierte de repente la bestia que ha logrado usted domesticar y haga alguna andanada, ¿eh? —me dijo al apretarme la mano en la puerta de la consulta.