De sobremesa
De sobremesa Dicen que no es grave. Eso fue todo lo que saqué en limpio; lo demás no se lo entiendo: astenia, neurastenia, anemia, epidemia, syrongomelia, camelia, neurosis, corilóporo… qué sé yo, refunfuñó entre dientes, mascando el inevitable cigarro cuya ceniza negrusca caía sobre el tapiz de Aubusson, que cubría el suelo y cuyo humo nauseabundo me revolvió el alma.
—Tú lo que tienes es que vagabundeas mucho —continuó acomodándose en una silla y mareándome con el olor del tabaco—. Haces bien, muchacho; tienes dinero, estás joven y fuerte; pero no abuses, no abuses.