De sobremesa
De sobremesa —Yo le había instado antes a José para que nos leyera algo relacionado con el nombre de la quinta, con Villa Helena —dijo Rovira malhumorado y como temeroso de no lograr su empeño—. Ahora tú y Cordovez vienen cada cual con su idea, y va a resultar que José no nos lee nada al fin. Fernández, ¿qué dices?
—Tú querrías leer la última novela de Pereda, ¿no, Cordovez? —dijo el escritor distraído—, recuérdame darte el tomo.
—No; te había suplicado que nos leyeras unas notas escritas en Suiza, pero resulta que Rovira desea conocer unas páginas que según dice tienen relación con Villa Helena; Pérez otras que dizque describen una enfermedad que sufriste en París y el doctor Sáenz no opina, está callado como un mudo desde que entramos… ¡habla, Sáenz!
—Fernández no me oye nunca cuando le hablo. Hace cuatro años le vengo diciendo que escriba y no me oye. José, ¿no tienes tú, un cuento o cosa así, qué pasa en París, una noche de año nuevo? —Insinuó el médico—. ¿Por qué no nos lo lees?…