De sobremesa
De sobremesa —Quiero flores de ésas —me dijo, mostrándome un ramo de parásitas rosadas que colgaban de la rama de un arbusto, y al entregárselas, en la semioscuridad del camino, donde el aire era tibio y volaban las luciérnagas y aromaban los naranjos en flor, la cogí en mis brazos y la besé con todo el ardor de mis dieciocho años, y ella me devolvió los idílicos besos con su boca virgen y fresca.