La ley de la atraccion en el mundo del pensamiento
La ley de la atraccion en el mundo del pensamiento No creo en la «humildad». Esa actitud mansa y modesta no me llama la atención, no tiene ningún sentido. La idea de convertir en virtud esas actitudes, cuando el ser humano es el heredero del Universo, y tiene derecho a todo lo necesario para su crecimiento, felicidad y satisfacción, me parece absurda. No quiero decir que haya que adoptar una actitud fanfarrona y avasalladora. Eso sería absurdo, pues la verdadera fortaleza no proviene de ponerse uno en evidencia. El fanfarrón es un individuo débil confeso: fanfarronea para ocultar su debilidad. La persona verdaderamente fuerte es serena, tranquila y lleva en ella la conciencia de la fortaleza que convierte en innecesario el fanfarronear y la supuesta fortaleza. Pero hay que apartarse de ese hipnotismo de la «humildad», esa actitud mental «mansa y modesta». Recuerda el horrible ejemplo de Uriah Heep y cuídate mucho de imitarle. Echa la cabeza hacia atrás y mira al mundo de cara. No hay nada que temer, el mundo también puede temerte a ti y gritarte. Sé un hombre o una mujer, y no un objeto que gime. Y eso puede aplicarse a tu actitud mental, así como a tu comportamiento externo. Pon fin a esa actitud mental reptante y gusanil. Ponte bien derecho y mira a la vida sin miedo; gradualmente irás convirtiéndote en tu ideal.