La ley de la atraccion en el mundo del pensamiento
La ley de la atraccion en el mundo del pensamiento Y lo mismo sucede con cada sensación o emoción. Si te abandonas a un ataque de cólera, te resultará más fácil sentirte colérico la próxima vez, frente a una provocación menor. El hábito de sentir y actuar «mezquinamente» no tarda mucho en echar raÃces en un nuevo hábitat siempre que se le anime a hacerlo. La preocupación es el gran hábito que tiende a engordar. La gente empieza preocupándose de cuestiones importantes, y luego comienza a hacerlo sobre pequeñeces. Y entonces la menor insignificancia les preocupa y perturba. Se imaginan que está a punto de sobrevenirles todo tipo de hechos fatales. Si inician un viaje están seguros de que se estrellarán o naufragarán. Si llega un telegrama, indudablemente contiene noticias horribles. Si un niño parece estar un poco calmado, la madre preocupada sólo piensa en que enfermará y morirá. Si el marido parece pensativo y le da vueltas a algún negocio en su cabeza, la buena esposa está convencida de que está empezando a dejar de quererla, y se abandona al llanto. Es el cuento de nunca acabar —preocupación, preocupación, preocupación—; y cada vez que te abandonas a ella, más fuerte se hace el hábito. Al cabo de poco tiempo ese pensamiento continuo pasa a la acción. No sólo la mente está envenenada por esos pensamientos tristes, sino que la frente empieza a mostrar profundas arrugas entre las cejas, y la voz adopta ese tono rasposo y quejumbroso tan común entre las personas preocupadas.