Meditaciones
Meditaciones 33. Dentro de poco, ceniza o esqueleto, y o bien un nombre o ni siquiera un nombre; y el nombre, un ruido y un eco. Ε incluso las cosas más estimadas en la vida son vacÃas, podridas, pequeñas, perritos que se muerden, niños que aman la riña, que rÃen y al momento lloran. Pues la confianza, el pudor, la justicia y la verdad, «al Olimpo, lejos de la tierra de anchos caminos»[81]. ¿Qué es, pues, lo que todavÃa te retiene aquÃ, si las cosas sensibles son cambiantes e inestables, si los sentidos son ciegos y susceptibles de recibir fácilmente falsas impresiones, y el mismo hálito vital es una exhalación de la sangre, y la buena reputación entre gente asà algo vacÃo? ¿Qué, entonces? Aguardarás benévolo tu extinción o tu traslado. Mas, en tanto se presenta aquella oportunidad ¿qué basta? ¿Y qué otra cosa sino venerar y bendecir a los dioses, hacer bien a los hombres, soportarles y abstenerse? Y respecto a cuanto se halla dentro de los lÃmites de tu carne y hálito vital, recuerda que eso ni es tuyo ni depende de ti.
34. Puedes encauzar bien tu vida, si eres capaz de caminar por la senda buena, si eres capaz de pensar y actuar con método. Esas dos cosas son comunes al alma de Dios, a la del hombre y a la de todo ser racional: el no ser obstaculizado por otro, el cifrar el bien en una disposición y actuación justa y el poner fin a tu aspiración aquÃ.