Meditaciones
Meditaciones 54. Ya no te limites a respirar el aire que te rodea, sino piensa también, desde este momento, en conjunción con la inteligencia que todo lo rodea. Porque la facultad inteligente está dispersa por doquier y ha penetrado en el hombre capaz de atraerla no menos que el aire en el hombre capaz de respirarlo.
55. En general, el vicio no daña en nada al mundo. Y, en particular, es nulo el daño que produce a otro; es únicamente pernicioso para aquel a quien le ha sido permitido renunciar a él, tan pronto como lo desee.
56. Para mi facultad de decisión es tan indiferente la facultad decisoria del vecino como su hálito vital y su carne. Porque, a pesar de que especialmente hemos nacido los unos para los otros, con todo, nuestro individual guía interior tiene su propia soberanía. Pues, en otro caso, la maldad del vecino iba a ser ciertamente mal mío, cosa que no estimó oportuna Dios, a fin de que no dependiera de otro el hacerme desdichado.