Meditaciones
Meditaciones 57. El sol parece estar difuso y, en verdad, lo está por doquier, pero no desborda. Pues esta difusión es extensión. Y así, sus destellos se llaman aktínes (rayos), procedentes del término ekteínesthai (extenderse)[137]. Y qué cosa es un rayo, podrías verlo, si contemplaras a través de una rendija la luz del sol introducida en una habitación oscura. Pues se extiende en línea recta y se apoya, en cierto modo, en el cuerpo sólido con el que tropiece, cuerpo que le separa del aire que viene a continuación. Allí se detiene sin deslizarse ni caer. Tal, en efecto, conviene que sea la difusión y dilatación de la inteligencia, sin desbordarse en ningún caso, pero sí extendiéndose; conviene también que, frente a los obstáculos con que tropiece, no choque violentamente, ni con ímpetu, ni tampoco caiga, sino que se detenga y dé brillo al objeto que la recibe. Porque se privará del resplandor el objeto que la desdeñe.
58. El que teme la muerte, o teme la insensibilidad u otra sensación. Pero si ya no percibes la sensibilidad, tampoco percibirás ningún mal. Y si adquieres una sensibilidad distinta, serás un ser indiferente y no cesarás de vivir.
59. Los hombres han nacido los unos para los otros. Instrúyelos o sopórtalos.