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Por una ironía del destino, Marco Aurelio pasó la mayor parte de su gobierno empeñado en esas guerras interminables contra los bárbaros. Quien había recibido tan esmerada educación intelectual se vio envejecer en los frentes de campañas, en aquellos combates para los que nadie le había adiestrado.

Tras un largo período de paz, las convulsiones de los partos y de los germanos, preludio amenazador de las futuras invasiones que descuartizarán el Imperio Romano, le obligaron a asumir ese papel militar. Recibió los títulos de Armeniacus, Medicus, Parthicus, Germanicus y Sarmaticus por las victorias de las tropas, él que prefería otros títulos más sencillos.

Supo continuar la labor jurídica de Antonino. Como él, trabajó asiduamente en la organización de los servicios públicos. Hizo redactar alrededor de 300 textos legales, de los cuales más de la mitad tienden a mejorar la condición de los esclavos, de las mujeres y de los niños. Se ha discutido si esta actividad humanitaria está basada en sus convicciones estoicas (cf. P. Noyen en L’Antiquité Classique, 1955, págs. 372-83; G. R. Stanton en Historia, 1969, págs. 570-87; y Hendrickx en Historia, 1974, págs. 225 y ss.) o si, más bien, se debe a razones pragmáticas. En todo caso, si Marco Aurelio renunciaba a la utopía platónica como algo imposible (cf. IX 29), se preocupó por mejorar, poco a poco, la condición de sus súbditos más necesitados.


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