Amor y amistad
Amor y amistad —¡Te reconozco! SÃ, querida resemblanza de mi Laurina, y la hija de mi Laurina; dulce imagen de mi Claudia y de la madre de mi Claudia, te reconozco como la hija de la una y la nieta de la otra.
Mientras me abrazaba de manera tan tierna, Sophia, sorprendida por mi precipitada partida, entró en la habitación, buscándome. Tan pronto el venerable par posó su mirada en ella, exclamó lleno de sorpresa:
—¡Otra nieta! SÃ, sÃ, veo que eres la hija de la hija mayor de mi Laurina. Tu parecido con la bella Matilda lo proclama con claridad.
—¡Oh! —replicó Sophia—. Cuando le vi por primera vez, el instinto de la naturaleza me susurró que tenÃamos algún lazo de parentesco, pero si se trataba de abuelos o de abuelas era algo que no podÃa determinar.
Él la rodeó con sus brazos y, mientras permanecÃan abrazados tiernamente asÃ, la puerta de la habitación se abrió y el más hermoso joven hizo su aparición. Al percibir su presencia, Lord St. Clair se quedó perplejo y, retrocediendo unos pasos y levantando las manos, dijo: