Amor y amistad
Amor y amistad Si puede parecer extraño llamarla elemental, parecerá igualmente extraño llamarla exuberante. Estas páginas traicionan su secreto: que era exuberante por naturaleza, y que su poder venÃa, como todos los poderes nacen, del control y de la dirección de la exuberancia. Tras sus miles de trivialidades, ahà están la presencia y la presión de esa fuerza; hubiera podido ser extravagante si lo hubiera querido. Jane Austen era el reverso mismo de una solterona almidonada o famélica; si lo hubiera querido, hubiera podido ser un bufón como la esposa de Bath. Esto es lo que otorga una fuerza infalible a su ironÃa. Esto es lo que da un peso asombroso a sus modestas declaraciones. Tras la fachada desapasionada de esta artista, también, está la pasión; pero su pasión, tan original, era una especie de alegre burla y de espÃritu combativo contra todo lo que ella consideraba mórbido, laxo y venenosamente estúpido. Las armas que forjó tuvieron un acabado tan fino que nunca hubiéramos sabido esto de no ser por la vislumbre del horno en el que se fraguaron. Por último, hay dos hechos adicionales que dejaré a la valoración y al análisis de los crÃticos y periodistas modernos. El primero es que, al criticar a los románticos, esta escritora realista está muy interesada en criticarlos por lo mismo por lo que el sentimiento revolucionario los ha admirado tanto: por la glorificación de la ingratitud hacia los padres y por la fácil asunción de que los viejos siempre están equivocados. «¡No! —dice el noble joven de Amor y amistad—. ¡Nunca podrá decirse que agradé los deseos de mi padre!». Y el segundo es que no hay la más leve indicación de que esta inteligencia independiente y este espÃritu jocoso no estuviera contenta con una rutina doméstica que abarcaba pocas cosas y en la cual escribÃa una historia tan doméstica como un diario en los intervalos entre pasteles y bizcochos, sin necesidad de mirar por la ventana para tener noticia de la Revolución Francesa.