Amor y amistad
Amor y amistad ¡Ah, mi querida amiga, cada dÃa lamento más haber cambiado los serenos y tranquilos placeres del castillo por las inciertas y desiguales diversiones de esta jactanciosa ciudad!
No quiero dar a entender que estas inciertas y desiguales diversiones me resulten desagradables; por el contrario, disfruto mucho con ellas y las disfrutarÃa aún más si no fuera porque, en cada una de mis apariciones públicas, hago más pesadas las cadenas de esos pobres infelices de cuya pasión es imposible no apiadarse, aunque no pueda corresponderla en ningún modo. En resumen, mi querida Charlotte, mi sensibilidad ante los sufrimientos de tantos jóvenes amables, mi disgusto ante la extrema admiración que despierto y mi aversión ante el hecho de ser tan celebrada en público, en privado, en diarios y en estamperÃas, constituyen el motivo por el cual no puedo disfrutar completamente de las diversiones tan variadas y agradables de Londres.
¡Cuántas veces he deseado poseer tan poca belleza personal como tú, que mi figura fuera tan poco elegante, mi cara tan poco agraciada y mi aspecto tan desagradable como el tuyo! Pero ¡ay, qué lejos estoy de un hecho tan deseable! Ya he pasado la viruela y debo por tanto someterme a mi triste destino.