Amor y amistad
Amor y amistad Vemos muy poco a sir George, que casi siempre está en la mesa de juegos. ¡Ah, mi pobre fortuna! ¿Dónde estarás hoy? Vemos más a Lady L., que siempre aparece (pintada con mucho colorete) a la hora de la cena. ¡Ay, con qué joyas tan bellas se adornará esta noche en casa de Lady Flambeau! Aunque me pregunto cómo le puede gustar llevarlas; porque tiene que darse cuenta de lo ridÃculamente impropio que resulta cargar su diminuta figura con adornos tan superfluos. ¿Es posible que no sepa cuánto más elegante resulta la simplicidad frente al rebuscado adorno? Si nos las regalara a Matilda y a mÃ, le quedarÃamos muy agradecidas. ¡Qué bien sentarÃan los diamantes a nuestras figuras majestuosas! ¡Y qué extraño resulta que esa idea nunca se le haya ocurrido! Creo que si no he reflexionado cincuenta veces sobre este asunto, no lo he hecho ninguna. Cada vez que veo a Lady Lesley con ellas, me vienen las mismas reflexiones a la cabeza. ¡Y además son las joyas de mi propia madre! Pero no diré más sobre un tema tan melancólico. Déjame que te entretenga con algo más agradable. Matilda recibió esta mañana una carta de Lesley, por la cual hemos sabido que se encuentra en Nápoles, que se ha convertido al catolicismo, que ha obtenido una bula papal para anular su primer matrimonio y que se ha casado con una dama napolitana de alto rango y fortuna. Nos cuenta que algo muy parecido le ha sucedido a su primera mujer, la desdichada Louisa, quien también se encuentra en Nápoles, también se ha convertido al catolicismo y se dispone a contraer matrimonio en breve con un noble napolitano de gran renombre. Dice que ahora son muy buenos amigos, que se han perdonado sus pasados errores y que se proponen convertirse en el futuro en buenos vecinos. Nos invita a Matilda y a mà a visitarle y a llevar con nosotros a la pequeña Louisa, a quien su madre, su madrasta y él mismo tienen grandes deseos de ver. Por lo que se refiere a aceptar su invitación, no sé lo que sucederá. Lady Lesley nos aconseja que vayamos sin tardanza. Fitzgerald se ofrece a escoltarnos, pero Matilda no sabe muy bien si el plan es correcto. Ella cree que serÃa muy agradable. Yo estoy segura de que le gusta ese tipo. Mi padre desea que no nos apresuremos, porque piensa que quizá, si esperamos algunos meses, él y Lady Lesley tendrÃan el placer de acompañarnos.