Amor y amistad
Amor y amistad Sería una afrenta para mis lectores suponer que no conocen los pormenores del reinado de este Rey tan bien como yo. Por tanto, les ahorraré la molestia de volver a leer lo que ya han leído y a «mí misma» la de escribir algo de lo que no me acuerdo del todo bien, ofreciendo simplemente un breve resumen de los principales acontecimientos que marcaron su reinado. Entre estos, quizá quepa destacar la frase del cardenal Wolsey al padre abad de la Abadía de Leicester, según la cual «había venido a dejar reposar sus huesos entre ellos», la reforma religiosa, y las cabalgatas del Rey por las calles de Londres con Ana Bolena. Por sentido de justicia, es mi deber declarar que esta amable mujer fue completamente inocente de los crímenes que le fueron imputados, verdad de la cual su belleza, su elegancia y su vivacidad son pruebas suficientes, por no mencionar la solemnidad con la que tantas veces declaró su inocencia, la debilidad de los cargos contra ella y el carácter del Rey. Estas últimas añaden veracidad a lo expuesto, aunque resulten insignificantes si se las compara con las alegadas a su favor en primer lugar. Aunque no soy amante de dar muchas fechas, hay algunas que me parecen importantes y elegiré por tanto aquellas que considero necesarias para el lector, como en este caso, en que debo informarle de que la carta del Rey fue fechada el 6 de mayo. Los crímenes y las crueldades de este príncipe son demasiado numerosos para ser mencionados aquí (como confío que esta historia ha demostrado ya con claridad) y nada puede decirse a su favor, salvo que la abolición de las casas religiosas y su posterior abandono a la labor depredadora del tiempo han sido muy útiles para el paisaje de Inglaterra en general, muy probablemente el motivo de que actuara así. Y si no, ¿por qué iba a molestarse tanto, un hombre que no profesaba religión alguna, en abolir una que llevaba tanto tiempo establecida en el reino? La quinta esposa de su majestad fue la sobrina del duque de Norfolk y, a pesar de haber sido universalmente exonerada de los crímenes por los cuales fue decapitada, mucha gente cree que llevó una vida de perdición antes de su matrimonio. Debo decir que yo tengo mis dudas al respecto, ya que esta mujer era pariente de aquel noble duque de Norfolk que tan ardiente papel jugara en la causa de la Reina de Escocia y del que acabó siendo víctima. La última esposa del Rey luchó por sobrevivirle, cosa que solo consiguió con dificultades. A este le sucedió su hijo Eduardo.