Amor y amistad
Amor y amistad Después, viajar sin parar durante tres días y seis noches, llegaron al bosque y, siguiendo un camino que transcurría por uno de sus márgenes hasta una abrupta colina, sobre la cual serpenteaban diez arroyos, alcanzaron la casa en media hora. Wilhelminus se apeó del coche y, después de llamar repetidamente sin recibir respuesta alguna o escuchar el menor movimiento en su interior, abrió la puerta, cerrada solo por un candado de madera, y entró en una pequeña habitación, que enseguida reconoció como una de las que no estaban amuebladas. Desde allí prosiguió hasta el cuarto trastero, que estaba igualmente vacío. Un par de escaleras que partían de allí le condujeron a una habitación superior, no menos desnuda, descubriendo que estas tres estancias componían el total de la casa.
Wilhelminus no se sintió nada decepcionado con este descubrimiento, ya que se dio cuenta con placer de que así él no tendría que comprar ningún mueble. Regresó inmediatamente al lado de su hermano y, al día siguiente, este le llevó a todas las tiendas de la ciudad, donde compró todo lo necesario para amueblar las dos habitaciones y el cuarto trastero. Todo estuvo listo en pocos días, y Wilhelminus volvió para tomar posesión de la casa. Robertus le acompañó con su dama —la amable Cecilia—, sus dos encantadoras hermanas —Arabella y Marina—, a quienes Wilhelminus estimaba mucho, y gran número de criados.